martes, 20 de junio de 2017

La lluvia seguía cayendo de forma torrencial sobre la zona boscosa en la que Elysia trataba, en vano, de mantenerse firme. El terreno parecía embarrarse por momentos y el dolor del tobillo no hacía otra cosa que agudizarse conforme caminaba y caminaba. La chica sabía que debía sentarse, descansar un poco, reponerse del dolor y pensar en qué haría a continuación, pero no ahí. No en mitad del bosque. Todo estaba oscuro, terriblemente oscuro y la lluvia pasó a ser una tormenta cuando los truenos comenzaron a adornar los cielos. En la lejanía, un trueno sonó similar al aullido de unos lobos ¿O no fue realmente un trueno y una manada hambrienta aguardaba cerca? ¿La estaban siguiendo? ¿Sería posible? Sólo de pensarlo, se le erizaron los vellos del cuerpo. Aceleró el paso tanto como le permitía el dolor del tobillo. Sabía y era consciente de su propia mala suerte, pero quizá, quizá por una vez, tuviese la suficiente buenaventura para salir viva de aquella situación... y parecía que así sería.

[Dark Music - The Sealed Kingdom]

Tras pasar unos cuantos árboles lo pudo ver. Tétrico, abandonado, siniestro, envuelto en una neblina penumbrosa que no invitaba precisamente a acercarse, pero allí estaba. Un pequeño castillo, diría, como princesa, que era un castillo humilde, pero castillo a fin de cuentas. Estaba en completas ruinas. Paredes agrietadas, agujereadas, columnas derruidas... y sin embargo había algo encantador en su aspecto. Las gotas de lluvia caían con fuerza sobre ella, como millares de agujas que intentaban atravesarle la piel con toda la maldad de la que podía hacer gala la naturaleza. Pensando en refugiarse y en tomar un respiro, a la chica no le quedó más remedio que aceptar su destino. Al menos allí no estaría a merced de lobos hambrientos ¿Podía ser, como pensaba, quizá un resquicio de buena suerte? La princesa optó por acercarse acelerando el paso para salir por fin del peligro en el que sin querer se había metido, rezando a cualquier ser superior que pudiera escucharla para que ese castillo en ruinas no se le cayese encima, que conociéndose, podía ser más que posible. Aún así, el frío y la tormenta la empujaron al interior. Y el momento en que empujó una de las viejas puertas de madera que impedía la entrada, un escalofrío le recorrió por completo la espalda. La puerta cedió con un enormísimo crujido que se mantuvo conforme se iba abriendo lentamente conforme la chica empujaba. La madera estaba astillada, raspaba, estaba húmeda e hinchada. Necesitaba un mantenimiento urgente. Era un milagro que no se hubiese desprendido de los goznes que la sostenían. Una vez adentro, aún cojeando, la chica observó a su alrededor. Se encontraba en un hall algo pequeño, pero ante ella se encontraban unas escaleras que ascendían y se dividían hacia dos alas diferentes del pequeño castillo. Por lo demás, en la planta baja, había algún par de puertas a las que podía acudir. Había telarañas por doquier y el frío que se filtraba entre las piedras era cortante como hojas de espadas. Además, el susurro del mismo al filtrarse era un tanto estremecedor, como lamentos de viejas almas en pena, quizá los dueños de aquel viejo castillo que aún seguían velando en llantos en sus recobecos y largos pasillos. No sería de extrañar, pensaba la joven, abrazándose a sí misma y tiritando. Del cabello le llovían gotas heladas que al tocarle y recorrerle la espalda, la hacían casi saltar de temor. Por alguna extraña razón que no sabía identificar, se sentía observada. Muy, muy observada y bien de cerca. Aquella incómoda sensación la hacía mirar hacia todas direcciones esperando encontrar aunque fuese una rata y no el vacío pavoroso que daba la sensación de que realmente había fantasmas en el lugar. En ese preciso instante, quizá, deseó no haber creido nunca en que existía algo más que la simple vida mundana, que la magia y lo fantástico estaban lejos de todo entendimiento. Tal vez así no tendría miedo, o no tanto al menos, al estar tan sola en un lugar tan terrorífico. Entonces, debido al frío, el tobillo comenzó a dolerle cada vez más. Era imposible para ella subir las escaleras, de modo que se dirigió hacia una de las puertas de la planta baja. Cerrada, como esperaba. Comprobó la siguiente y al igual, estancada. Parecía que no había solución, hasta que en el otro lado del hall una puerta pareció crujir. Será el viento, pensó la chica, al volverse muy despacio. Una de las puertas estaba abierta y hacia ella se dirigió. Sorprendentemente y para su agrado, era una sala de descanso y solaz, con una vieja hoguera apagada y con la madera ennegrecida y pútrida y viejos sillones. Quizá podría haber forma de encender un fuego y entrar en calor, meditó, mientras se acercaba para inspeccionar si había algo de utilidad para encender un fuego o al menos, madera útil para el mismo. Su percepción del lugar dio un cambio drástico cuando, por arte de magia y nunca mejor dicho, en cuanto se acercó al hogar, una pequeña chispa saltó y un enorme y cálido fuego se prendió, impregnando la sala de luz. Elysia dio un respingo, sobresaltada. Trastabilló dolorida debido al tobillo y estuvo a punto de caer, pero un chirrido llegó a su oido y para su sorpresa, cayó sentada en un sillón que antes no estaba ahí. Con los ojos abiertos como platos miró a todas direcciones, incluso a su espalda y al techo... no había nada ¿Qué demonios estaba pasando en ese lugar? Suspiró... y cuando volvió a mirar el hogar, allí estaba. Pequeña, de la estatura de un niño de 4 o 5 años, con la cabeza redondita y ojos grandes y dorados como estrellas. Alzó una manita negra como la sombra que ella misma era y sus ojos adoptaron una mirada amable y risueña -¡Hola!- dijo con voz dulce y aguda la sombrita, arrancando un grito de la garganta de Elysia.

[The Witcher 3 OST - Skellige Tavern Music Extended]

Dos hombres estaban bailando al son de la música que se tocaba en la taberna de los Siete Gatos de Tremerya, mientras reían y saltaban agarrados de un brazo, dando vueltas sobre la mesa. Allí, en esa misma taberna, tres apuestas muchachas con los corsés tan apretados que los pulmones les llegaban a la garganta al igual que los apretados senos, reían y se trenzaban los cabellos rubios mientras sus ojos se posaban en la figura regia de un cliente especial que con un codo apoyado en la barra, bebía una gigantesca jarra de cerveza junto a un hombre más bajo y rechoncho, su escudero. Él, el adonis tragabirras, no era otro que el caballero errante y héroe de los oprimidos, Reuven Skard y su compañero, el escudero Salom Latam y toda aquella fiesta, era en honor a él, como casi cada noche en los Siete Gatos -¡Un nuevo brindis por Reuven, nuestro buen señor!- gritó uno de los hombres que bailaban y todos alzaron sus copas en honor a él. Reuven, con mirada altanera y sonrisa bravucona, alzaba su copa en señal de agradecimiento. Las tres chicas, hermanas, de cabellos de miel, se derritieron con sólo ver cómo los músculos del apuesto caballero se marcaban y movían como resorters y mecanismos con aquel simple gesto. Se empezaron a abanicar con las manos. Tenían calor en cada parte de su cuerpo y tenían los labios desollados de tanto mordérselos -¿¡Cual será vuestra nueva gran acción, gran caballero!?- preguntó de nuevo el hombre que propuso el brindis -¿¡Darás caza a los Señores de Sotomonte?!- bramó
-¡Quizá!- dijo con voz señorial, riendo -¿Qué opinas, Salom? ¿Deberiamos ir a por los Siete Señores de Sotomonte?-
-Como gustes Reuven, esos enanos poco pueden hacer contra ti- le guiñó un ojo -No puedo esperar a verte en acción si allá vamos ¡Como escudero, quiero aprenderlo todo de ti!-
-Aprenderás, querido amigo, aprenderás- le dio un golpe en el hombro tan fuerte que casi se lo desencaja -Pero hay cosas que no te puedo enseñar. La belleza, el porte ¡La galantería! Todo eso ha de llevarse en la sangre. Así que aprende bien a cómo luchar contra las bestias. Mucho me temo que el carisma no podrás igualarlo- le guiñó un ojo a las tres rubias y se derritieron aún más
-Oh, Reuven, en ningún momento pretendí igualarte ¡Me conformo con ser el tercero por debajo de ti!-
-Ese es el espíritu Salom ¡Ese es el espíritu! Aprendiendo tu lugar- rió. Las tres chicas por fin se acercaron a él, abanicándose esta vez la zona del pecho, para resaltarla -Buenas noches hermosas señoritas-
-R-Reuven... hoy estáis excitantemente atractivo. Mis hermanas y yo estabamos pensando que... bueno... si no vais a marchar con premura a una nueva tarea oficiada por Su Majestad, tal vez quisierais pasar la noche y...-
-No lo sé, no lo sé señoritas- dijo con su tono de voz alto, grave y señorial, peinándose los largos cabellos hacia atrás -Es para mí un honor tamaña invitación pero, ah, el deber del caballero. El peligro, el riesgo. El sudor y la sangre me llaman- sobreactuó
-Pero Reuven... nosotras también podemos aportar peligro, riesgo, sudor... incluso sangre, si es lo que quieres- le tomó una de ellas la mano y se la llevó al escote en señal de petición. Reuven arqueó las cejas y, nada más lejos que ser un desaprovechado, palpó con avidez los abultados pechos de la rubia, sopesando la diversión que obtendría esa noche con las tres
-¿De cuanta sangre estamos hablando?- sonrió pícaro
-¿Cuanta puedes obtener de tres yeguas desbocadas esperando a ser montadas...?- susurró la chica, perdiendo el norte por la excitación, mas la fiesta no tardó en aguarse cuando se abrieron las puertas de la taberna y entraron soldados de la guardia de palacio
-¡En nombre de Su Majestad Xargos, que nadie salga ni se mueva del lugar en el que está! Esta es una redada bajo orden directa del rey ¡Que pare esa música!- el hombre de la flauta obedeció, así como el de los tambores y los cascabeles. Reuven entornó la mirada, molesto, al comprobar cómo el ambiente se enrarecía por culpa de la soldadesca. Para aprovechar aún más su papel, tomó aire hinchando el pecho y le guiñó el ojo a las hermanas
-¡Mis buenos amigos, soldados del rey!- saludó, acercándose a ellos -¿Puedo yo saber, vuestro fiero compañero de armas, qué es lo que ocurre? ¿Rufianes, trasgos, o es que quizá se os ha escapado un... dragón?- dijo con temeridad, para asombrar a los presentes
-¿Qué dice este tipo?- preguntó uno de los soldados al capitán -¿Un dragón?-
-Eres tú, Reuven...- comentó cansado el capitán de la guardia, un hombre de edad algo avanzada -¿De verdad esperas que busquemos un dragón en una taberna?-
-Se nota que nunca habéis visto un dragón, mi buen amigo capitán ¡Los hay de todos los tamaños! Yo ya he conquistado cuatro ¿Cuantos vos?- los soldados se miraron entre sí y aguantaron la risa
-Yo sólo le corté las uñas a uno una vez-
-¿Ah sí?- se cruzó de brazos Reuven
-Sí... luego me lo follé- Reuven compuso gesto adusto y asqueado -Y finalmente se quedó embarazada y ahí está, en mi casa, cuidando de mi hijo. Se llama Gorna y es mi señora- rió el capitán -Dragones... vaya tontería-
-¡No os burléis de Reuven! ¡Es un héroe nacional!- gritó un hombre en la taberna, caldeando al resto de los presentes. La soldadesca se sorprendió al ver como un aparente charlatán como Reuven había reunido tal cantidad de creyentes y seguidores
-¡Silencio!- gritó el capitán -¡Os recordamos que estamos aquí bajo orden real! Vamos a inspeccionar la taberna, así que nadie mueva un músculo-
-Os ayudaré- terció Reuven vanagloriándose -Ellos me harán caso ¿Puedo saber qué es exactamente lo que buscáis, pues?-
-La princesa ha huido- esas simples palabras helaron el cuerpo de Reuven -Se marchó. No la hemos encontrado aunque la seguimos. Quizá haya vuelto y se esconda entre las casas o tabernas del lugar-
-¿Huido...?- agarró al capitán del cuello -¿¡Habéis dejado que mi buena señora se pierda!? ¿¡Con qué objeto!?-
-C-con sólo un camisón...-
-¡NO! ¿¡Que por qué huyó!? ¿¡Qué ha ocurrido!?-
-Estimamos que se debe a la boda que...-
-¿Boda?-
-S-sí... el rey decidió que...-
-Maldito sea...-
-O-oye... ¿Pero qué hago? ¡Suéltame de una puta vez!- rugió el capitán -Compórtate, payaso, o te corto las manos- inquirió empujando a Reuven. Era cierto que aunque era un fantasmón de cuidado, su físico imponía respeto hasta al más bravo
-¡No temáis!- dijo entonces, poniendo los brazos en jarra -Yo encontraré a la princesa- al decir tales palabras, la taberna se alzó en un gran clamor y vítores -¡La devolveré sana y salva a su hogar!-
-¡El reino está a salvo con el gran caballero errante Reuven!- gritaban hombres y mujeres en la taberna. La guardia no daba crédito a lo que estaba naciendo en Tremerya.

Mientras tanto, en el viejo castillo, Elysia estaba congelada con la vista clavada en la sombrita que tenía ante ella, encogida, asustada más ella que la propia princesa -¡Por favor no grites!- suplicó. Sin embargo, el grito no fue realmente de pavor, como de desconcierto y quizá algo de ilusión ¿De verdad era un fantasma? -¿Fan... fantasma? ¡¿Donde!?- saltó hacia el regazo de la chica. Elysia pudo sentir el peso de la sombra. Era física. Era real. Intentó tocarla... y era fría como el hielo, pero suave como el terciopelo más caro del mundo -Me haces cosquillas- inquirió mirándola -¿D-dónde está el fantasma...?- Elysia negó con la cabeza. No había fantasmas. Le preguntaba a ella -¿Yo? ¿Un fantasma?- ofendida, bajó del regazo de la chica ¡Me llamo Umbri! ¡Y no soy ningún fantasma! Puedes verme, puedes tocarme ¡Incluso puedes olerme! Aunque realmente no huelo a nada- se rascó la redonda cabecita -Soy una sombra. Soy una sirviente- Elysia se acercó más a ella para poder apreciarla mejor, sin levantarse del sillón, debido al dolor del tobillo. No podía ver que por fin... por fin... veía con sus propios ojos una obra de magia ¿Pero de quién era sirviente? -De... oh... bueno... mi.. mi amo- ¿Y quién era ese amo? ¿Un poderoso mago? ¿¡Era mago!? Sólo de pensarlo, en que quizá alguien podía ayudarle con esa mala fortuna... -¿Mago? Eh... Bueno, él es... Oh- los ojos de Umbri se redondearon como lunas, petrificada, mirando hacia atrás del sillón. Elysia le preguntó que qué le ocurría, pero Umbri no contestó. Lentamente, la chica giró la cabeza hacia donde miraba la sombrita. Tras el sillón, estaba él. Alto, imponente, envuelto en una capa raida y deshilachada, con los cabellos largos y ralos tal como su barba y unos ojos claros cuyos colores bailaban entre el marrón y el verde -A-amo... yo...- llegó a decir Umbri antes de que el hombre estirarse su mano y con una fuerza descomunal levantara a Ely del sillón
-¿Cómo has entrado en este lugar?- dijo con voz calmada. La chica no llegó a contestar a tiempo -¿¡Cómo has entrado en este lugar!?- la agitó para forzarla a contestar. Ely entonces se dolió del tobillo
-¡Amo! ¡Por favor! ¡Parece estar herida!-
-¡SILENCIO!- ordenó, con un trueno por voz -¡No debiste venir a este lugar! ¡Ni tú ni nadie debería pisar este lugar!- Elysia apenas tuvo tiempo de contestar que simplemente se había perdido -¿Perdido?- gruñó, frunciendo el ceño -Espero que nadie te eche de menos, porque no volverás a pisar fuera de este castillo ¡JAMAS!- y sin mediar más palabra, haciendo caso omiso del dolor de su tobillo, tiró de ella arrastrándola del brazo hacia una habitación concreta de la planta baja, con nada más que un lecho de paja y una estantería vacía. Elysia se aproximaba sin saberlo hacia su prisión, la mazmorra que jamás volvería a abandonar.

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