martes, 20 de junio de 2017

-Esperad, esperad, esperad-  ordenó la princesa mientras el enorme hombre la arrastraba con él por toda la estancia -¡Me estáis haciendo daño!- gritó, consiguiendo nada más que la ignorancia de su ahora captor. Su agarre era firme y duro, tanto, que estaba haciéndole daño en el brazo. ¡¿Que hombre era aquel y por qué vivía en aquel castillo andrajoso?! -¡Hacedme caso! ¡Dejad de ignorarme! ¡No tienes ni idea de quien soy!- le advirtió -¡¿Sois mago?! Si sois mago y cumplís la tarea que os encomiende, seréis altamente recompensado. Si desobedecéis mis ordenes podéis llegar a arrepentiros- volvió a añadir. El hombre, simplemente, gruñó con fuerza, sin comprender que demonios sabía una mujer como ella sobre la magia -¡Más de lo que cualquiera piensa! ¡Ahora soltadme!- Una vez más, la ignoró. Arrastrándola hacia una habitación solitaria, en la cual la arrojó hasta que cayó al suelo y cerró la puerta antes de que pudiese salir. -¡Soy Elysia de Tremerya y esto que estáis haciendo es un insulto y un ultraje hacia mi nombre y mi apellido!- gritó cuando se acercó a la puerta y la aporreó desde el otro lado -¡Los soldados vendrán y os apresarán! ¡Seréis castigado y os arrepentiréis de no haber aceptado mi propuesta!- insirió -¡¡¡Dejadme salir de aquí!!!-

Elysia estuvo toda la noche gritando. No cesaba, no había silencio ahora en el castillo. Las paredes retumbaban con los ecos de voz de la chica, dotando al hogar de un ambiente molesto y pesado. La princesa continuó aporreando la puerta y lanzando cada vez improperios más desmedidos, hasta que, por fin, al amanecer, desistió.  Cayó rendida sobre el suelo, abrazando sus rodillas y suspirando -Una vez más, la mala suerte- musitó. Intentando ser optimista, intentó valorar si prefería estar allí encerrada o amaneciendo en el lecho de Lord Byron. Claramente, prefería la primera opción. Algo era algo. Aun encerraba, estaba mejor que en palacio.

Mordiéndose el labio inferior, se dejó caer sobre la puerta, y ésta, inexplicablemente, cedió. Elysia cayó de espaldas sobre el suelo mientras a sus oídos llegaba una risita infantil y peculiar. -Pero, ¿Que...?-
-Perdón. Shh... guarda silencio princesa- murmuró la voz bajita. Al lado de la chica, se hallaba la sombra de ojos dorados, inclinada sobre su propia sombra de pies. Elysia se puso en pie con esfuerzo.
-Tú... tú... ese hombre tiene que ser un mago- habló para sí misma, pestañeando deprisa
-Shhh, no es un mago, ya os lo contaré. No hagáis ruido-
-¿Por qué? ¿No vais a acceder a mi petición? -
-El amo no sabe que he abierto la puerta- otra risilla -Si mantenéis el silencio os daré comida. ¿Tenéis hambre, princesa?- Elysia se acarició el vientre sobre la tela lisa del camisón. A la luz de la mañana, aunque el castillo fuese oscuro, pudo verme mejor clareados sus atributos. Maldito Byron.
-Sí, mucha hambre-
-Entonces seguidme- La sombra comenzó a andar, si a aquello se le podía llamar andar. Se movía de forma graciosa, temblorosa y ladeante. A Elysia le costaba asimilar aún que estuviese presenciando una obra de magia después de tantos años, pero a la vez, la esperanzaba enormemente. Tenía que conseguir algo de aquel mago antes de que ella se fuese de allí. Sólo tenía que conseguir que la escuchase... de alguna forma.


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